The Longest Summer- Pat Metheny
Escenario vacío a oscuras. El reflector de la derecha baña la tarima con un tenue brillo rojizo, y una pelota aparece rebotando en escena. Inmediatamente hace su entrada un niño sin rostro, con las rodillas peladas, persiguiendo la pelota. Una vez que la atrapa, observa detenidamente a cada una de las butacas vacías, bufa molesto, deja la pelota en el suelo y se sienta sobre ella cruzado de brazos. Su voz entrecortada, casi al borde del llanto, da inicio al último monólogo.
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domingo, enero 05, 2014
Monólogos- II
Cherish- Pat Metheny
En el escenario, una parra semi caída con unas pocas hojas verdes. Se escucha el crujir de las hojas secas en el suelo y aparece la silueta de una mujer sin rostro, caminando en dirección a la parte viva del árbol La hilera de butacas vacías anhela el comienzo del nuevo monólogo, y la voz casi susurrante de nuestra protagonista no se hace esperar.
En el escenario, una parra semi caída con unas pocas hojas verdes. Se escucha el crujir de las hojas secas en el suelo y aparece la silueta de una mujer sin rostro, caminando en dirección a la parte viva del árbol La hilera de butacas vacías anhela el comienzo del nuevo monólogo, y la voz casi susurrante de nuestra protagonista no se hace esperar.
Monólogos- I
Song for the Boys- Pat Metheny
Escenario vacío a oscuras. Butacas perfectamente alineadas una al lado de la otra, conforman la solemne audiencia. El reflector central ilumina lentamente a una figura en la tarima. Las luces grisáceas dan lugar a aquel siniestro personaje sin rostro. Una voz monótona, trémula y ronca inunda el salón, casi como si proviniera del mismo y no de nuestro primer monologuista.
Escenario vacío a oscuras. Butacas perfectamente alineadas una al lado de la otra, conforman la solemne audiencia. El reflector central ilumina lentamente a una figura en la tarima. Las luces grisáceas dan lugar a aquel siniestro personaje sin rostro. Una voz monótona, trémula y ronca inunda el salón, casi como si proviniera del mismo y no de nuestro primer monologuista.
viernes, diciembre 20, 2013
Alicia
Suelen decir que la envidia mata.
Y me siento hoy más muerta que nunca.
Quizás no tanto por la envidia, sino por verme muerta ante tanta vida.
Por verme aquí, sentada entre las sombras de un rincón, en vano escondiéndome de algún fantasma sin nombre y sin rostro, deseosa de ser como Alicia, con tal de contar con algunas galletas que me ayudasen a encogerme a tal punto que pudiera camuflarme entre el polvillo que acaricia las últimas pisadas nocturnas, o bien me encontrara con algún bichejo orejón que me guiara a otro mundo. Cualquier otro mundo.
Y me siento hoy más muerta que nunca.
Quizás no tanto por la envidia, sino por verme muerta ante tanta vida.
Por verme aquí, sentada entre las sombras de un rincón, en vano escondiéndome de algún fantasma sin nombre y sin rostro, deseosa de ser como Alicia, con tal de contar con algunas galletas que me ayudasen a encogerme a tal punto que pudiera camuflarme entre el polvillo que acaricia las últimas pisadas nocturnas, o bien me encontrara con algún bichejo orejón que me guiara a otro mundo. Cualquier otro mundo.
jueves, diciembre 19, 2013
Como aprender a ser Feliz
- Solía escribir, tenia inclusive otro blog que nadie leía, salvo quizás algunos amigos, por mero compromiso;
- Solía leer mucho, sin contarle a nadie sobre que, ni que libros o autores me gustaban, porque siempre había alguien mas culto que yo, y mis lecturas parecían de primaria en comparación con aquellas;
- Solía cantar, en el baño, haciendo toda una performance digna de llenar un estadio, pero en voz lo suficientemente baja como para no molestar a nadie;
- Solía tocar el violín, o al menos intentarlo, cuando no había nadie en casa, al menos hasta que pudiera decir que ya no sonaba como un pobre animal siendo mutilado (quienes han aprendido a tocar conocen el sonido al cual me refiero)
- Solía dibujar, guardando prolijamente cada hoja en una carpeta para evaluar mi progreso, y cuando tuviera algo que fuera "bueno", podría compartirlo con alguien.
Solía hacer muchas cosas que me hacían muy feliz.
Me llenaba el alma cada nuevo texto, cada nota, cada trazo.
hasta que mi cabeza me jugaba una mala pasada: "¿Y a quién le interesa leer esto? ¿Crees que alguien va a preferir escuchar tu "música" a quedarse sordo? Seguramente si subes este dibujo a internet, alguien desesperadamente va a imprimirlo y empapelar una habitación con el...si, seguro..."
Y ahi se esfumaba la felicidad. Cuando me daba cuenta de que no podría compartir lo que en mis momentos de mayor orgullo llamaba ARTE.
¿Y por qué no podría? Porque no era lo suficientemente bueno.
¿Bueno para quién? Pues para mi. Lo que tan feliz me hacía no era lo suficientemente bueno para mi.
¿Y entonces? Y entonces dejé de hacer todo lo que solía amar.
hasta hoy.
hasta hoy que decido que no me importa alcanzar los estándares ridículos que yo misma me impongo. O al menos, no me importa más eso que ser feliz.
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